Cómo funciona
Criterio antes que código, sistema antes que talento. Ocho principios que aplican a cada pieza del laboratorio. No son aspiraciones. Son el método real.
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Empezar por un problema propio
Cada pieza nació porque algo me incomodaba a mí, no porque pareciera buena idea ni porque hubiera "un mercado". Cuando el motivo es real y propio, sabes cuándo el producto está terminado: cuando ese problema deja de existir en tu día a día.
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Construir lo mínimo que funcione
El primer intento hace una sola cosa, y la hace bien. Si resuelve el problema, sigue. Si no, se descarta sin pena. Resistir la tentación de agregar funciones "por si acaso" es lo difícil, y es lo que separa una herramienta útil de un proyecto eterno que nunca llega a usarse.
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Aceptar el límite y rediseñar con él
Cuando una pieza choca con un límite real (técnico, de tiempo, de alcance) la respuesta no es forzar el diseño original, es rediseñar con ese límite como condición. Tiempario perdió su clima por una restricción del navegador; Ahorista nació de aceptarla y simplificar.
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Publicar antes de perfeccionar
Una herramienta imperfecta en producción vale más que un prototipo brillante en mi computadora. Publicar obliga a confrontar el uso real. Lo que importa se mejora después. Lo que no, ni siquiera se nota. El perfeccionismo es la forma elegante de nunca terminar.
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El sistema sostiene al talento
Construyo en tiempo libre, entre el trabajo y la vida. Por eso cada pieza sigue el mismo método: si dependiera de la inspiración, no avanzaría. El sistema escrito permite retomar después de semanas y seguir donde quedé. Es lo que hace posible un laboratorio en lugar de proyectos sueltos.
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Decidir con datos, no con intuición
Desde el primer día publicado, cada pieza mide cómo se usa de verdad: cuánta gente entra, qué tocan, dónde abandonan. Esos datos deciden si vale la pena seguir, simplificar o cerrar el proyecto. Sin datos, uno se enamora de su idea. Con datos, uno se enamora del problema que resuelve.
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Documentar el motivo, no el código
Cada pieza tiene escrito por qué nació, en lenguaje normal. No "porque era buena para el portafolio", sino la frustración exacta que la motivó. Meses después, ese texto es lo que me ayuda a decidir si sigo construyendo, si pivoto, o si el problema ya no existe y puedo soltar el proyecto.
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Aceptar cuándo dejar de invertir
Un proyecto que ya no resuelve nada no se mantiene por orgullo. Mac Gestor vive en el sistema, no en la web, porque ahí es donde tiene sentido. Tiempario sigue activo como registro histórico, no como producto. Decidir cuándo dejar de invertir es tan parte del método como decidir cuándo empezar.
El método aplicado, pieza por pieza.
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